11 mar 2013

Tren.

Elije ya tu tren
a un campo de
soles y duraznos.

Besa hoy tu
pasaporte, ya
duerme en la ventana.

Descansa y sueña,
sin temor. Despierta
que ya bajas.

Verte de piel.

Quita el pelo de tu rostro,
quiero verte vestida,
de tus ojos verdes,
como antes,
verte de piel,
verte de pie.

No desnudes tu mirada,
ni la inundes de
tus lágrimas,
decime qué buscás,
que es lo que
añorás.

Gárgolas.

Invocan gárgolas
estos tiempos,
estas esquinas.

Ya tu cariño se
secó, como aquel
mar de mitologías.

Cúbrete y aguarda,
sé paciente y no corras,
que la lluvia aún no cae.

16 ene 2013

Perro callejero.

Oh, perro callejero
que escribes tu
caminata taciturna.
¿Qué podrías querer
acaso de mí?

No me mires con
tus ojos húmedos
tan solitario.
Yo no tengo las
respuestas para vos.

Yo no soy este que
mira al suelo y
se topa con vos.
Yo no soy este que
se queda mirándote.

Oh, perro callejero
no llores, que queda
un largo camino.
Espero que al voltear
no me estés mirando.

19 dic 2012

El abrazo.

Había sentido miles de veces el peso de tu cuerpo sobre el mío. Miles de veces había soportado el anillo de tus piernas sobre mi cintura. Y en todas y en cada una de esas veces, el tiempo de tu cuerpo se hacía cargo del mío, y entonces, sólo entonces, hallaba yo descanso y siesta.
De repente me encontraba esperando en tu portal con los pies esquizofrénicos y no pude pensar en más nada. En ese instante sólo me permití mirar al suelo y perseguir a los autos yendo y viniendo, parando y siguiendo, llegando y partiendo.
El sonido de la llave contra el cerrojo fue suave y la puerta se deslizó hacia vos. Tu cabeza se ladeó hacia el hall invitándome a pasar, y tu rostro estaba triste.
Lentamente me paré a tu lado, y sentí tus brazos arrastrarse por mis hombros y rodear mi nuca.
Envolví tu cintura con los míos y allí, bajo el marco de tu puerta, fue cuando todo cambió.
Allí le perteneciste a mis brazos, tu cabeza durmió en mi hombro y tu cuerpo descansó en el mío.

28 nov 2012

Cuando llegue ese día

- Algunas veces siento que algún día me voy a despertar y me van a haber pasado 10 años por encima casi sin darme cuenta.
Las pupilas de él se vieron a sí mismas, petrificadas y grandes como monedas, en el reflejo de los ojos vidriosos de ella.
Siguió con un hilo de voz.
- Y tengo la sensación de que, cuando ese día llegue, voy a estar en este mismo lugar, hablando con vos, con esta misma cosquilla en la garganta y con estas mismas ganas de llorar sin poder hacerlo.
Al terminar de hablar, refugió las esbeltas manos bajo sus muslos inquietos. Gachó la cabeza y un mechón quedó colgando bailarín de su rostro, pero lo acomodó rápidamente detrás de su oreja.
El aire caía denso sobre sus cabezas, y el silencio se hacía escuchar.
Ninguno quería continuar. No sabían cómo hacerlo en realidad, cómo seguir con ese río de palabras magentas que se salpicaban sin mojarse.
Él quiso colocar una mano sobre su hombro, sobre su rostro, sobre su pierna. No podía hacer más que pensar.
“Cuando llegue ese día, vas a despertarte y yo voy a estar acostado al lado tuyo, y  te voy a haber estado mirando por muchas horas sin haberme darme cuenta, y la cosquilla va a habitar en mi pecho, y el que vaya a querer llorar voy a ser yo”.

18 nov 2012

Los extraños.

Quisiera saber por qué
mientras nos besamos
arrodillados, tu sonrisa
se tiñe de tristeza.

Y percibo, con mis 
ojos cerrados, los tuyos
lejanos, y tu cuerpo
que viene y se va.

Nos contemplamos
los rostros con miedo,
poso una mano en 
tu mejilla, y la besás. 

Tan fácil me envolvés 
con tus largos brazos,
me dejo acariciar, nos 
empapamos en el otro.