18 abr 2012

Vino.

-Es casi como oler un vaso de vino y no beber de él.- soltó tras el silencio, clavando la mirada a la copa de cristal que contenía la bebida carmín, danzando en sus dedos.
-Llego a percibir la esencia crepitar en mi nariz, y mi cuerpo se predispone a tatuarse de cárdeno. Sin embargo, una parte de mi, mi boca, mi lengua, me piden piedad.
Tras el sorbo que vació la copa, la piel como un relámpago, se le tornó erizada, como la de las caminatas de invierno a lo largo de la orilla.
Se estremeció rabioso.
-Es casi como este ritual de máscaras que bailan y se mueven con gracia, con sonrisas burlonas y macabras, este vasto vals, de piernas sin torsos, de rostros sin gestos. Es esa gota de vino, la gota que me mata de sed.
No era la primera vez que ahogado y con el cuerpo empapado en sudor, interrumpía su sueño para hablarle al alba.
La calle mansa y envuelta en el crepúsculo siempre había sido un buen oyente. El asfalto siempre había amortiguado bien sus lágrimas.
Sin embargo, al caer rendido ante el sueño, víctima de la jaqueca y con el rostro envuelto en gotas de dolor, lo olvidaría todo.
Las palabras románticas y las ocasiones de amor nunca volverían a ser oportunas.

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