Mientras me reposo sobre la pared de mi cuarto, mirando mis fotografías junto a vos, me hicieron revivir, esas noches recostados sobre el césped en las que hablábamos de las estrellas.
Mientras observo como se disipan algunas cuantas volutas de humo y se mezclan con el olor encerrado, recuerdo esas tardes en donde (entre pitada y pitada) nuestros cuerpos desnudos se descubrían.
Mientras miro la frazada en la cama de arriba, recuerdo cuantas veces te levantaste, a duras penas, de la cama a buscar un poco de agua, con solo ella tapándote. Y río...
-"Quizá el diablo se relame pensando en nosotros dos" me dijiste una vez, pero me abstuve de entender y simplemente asentí. Hoy no quiero más que entender...
Entender porque no me buscas, porque no te encuentro, y porque el diablo (ahora que no estamos juntos) se está relamiendo.
29 mar 2011
16 mar 2011
Multitud
Cuando mi divagación se dispersó, divisé que, entre toda la multitud, pasaste a mi lado. En ese mismo momento, me detuve, en seco (lo que impidió el paso a otras personas) y no pude más que voltear y verificar si estaba equivocado, si mi deseo me estaba haciendo alucinar... no, esa eras vos, TENÍAS que ser vos... Logré notar que venias cabizbaja, con tu mirada estancada en el suelo, caminando cual muerto que se pasea.
Me decidí sin dudar a pasar entre la gente, a forzejear contra el gentío, estás cruzando la esquina, y yo estoy persiguiéndote desesperadamente. Pero la multitud se cierra, es cada vez más y más difícil pasar... es un complot, no me dejan avanzar, todos me están mirando...
Logro (grotescamente) desplazar a algunas personas que tengo en frente, y voy corriendo hacia vos. Te toco, con miedo, el hombro izquierdo. Incrédula, miras hacia atrás, tus ojos aterrizan en los míos. Me sonríes y mi corazón se acelera. La gente empieza a ir más apurada, los sonidos se distorsionan y me impiden escuchar con claridad. Musitas algunas palabras que no llego a percibir, mi ritmo incrementa enormemente, y me redujo a, simplemente y sin siquiera pensarlo, agarrar tus manos y tirar de ellas. En el mismo momento en que me besas, todo se desacelera, se aclara y vuelve a la normalidad.
Me decidí sin dudar a pasar entre la gente, a forzejear contra el gentío, estás cruzando la esquina, y yo estoy persiguiéndote desesperadamente. Pero la multitud se cierra, es cada vez más y más difícil pasar... es un complot, no me dejan avanzar, todos me están mirando...
Logro (grotescamente) desplazar a algunas personas que tengo en frente, y voy corriendo hacia vos. Te toco, con miedo, el hombro izquierdo. Incrédula, miras hacia atrás, tus ojos aterrizan en los míos. Me sonríes y mi corazón se acelera. La gente empieza a ir más apurada, los sonidos se distorsionan y me impiden escuchar con claridad. Musitas algunas palabras que no llego a percibir, mi ritmo incrementa enormemente, y me redujo a, simplemente y sin siquiera pensarlo, agarrar tus manos y tirar de ellas. En el mismo momento en que me besas, todo se desacelera, se aclara y vuelve a la normalidad.
23 feb 2011
Hojas marchitas.
Me encuentro sentado, sobre el banco de una plaza. Mi mirada se pierde en la brisa otoñal. Ya entrada la noche, hace frío, y cada tanto se asoma a mi nuca un intruso escalofrío. A lo lejos, cerca de la esquina, diviso un hombre durmiendo, junto a un perro recostado sobre él. Hay niños jugando en la cancha enrejada, y entre tanto se escuchan risas, gritos, algún que otro bocinazo de la avenida.
Te encontrás a mi lado y me estás hablando, pero no te estoy oyendo. Logro a duras penas escuchar un par de palabras sueltas. Pero son irrelevantes. Estoy acompañado, pero estoy solo. Miro al vacío y tengo una perdida inexpresividad. De repente parás de hablar. Las extremidades de tu sonrisa caen como párpados víctimas del sueño. Levanto la mirada y entiendo tu súplica, ahora más que nunca, pero es muy tarde, nos hemos enfríado al ritmo del tiempo y no hay como volver atrás.
Mientras te voy apuñalando los ojos, toco tu muslo; casi al mismo tiempo dejas caer una lágrima solitaria. Casi instintivamente saco un pañuelo y seco tu rostro. Me devuelves una cálida sonrisa, y asiento levemente.
Me doy cuenta de que el tiempo está pasando notablemente lento. Ya todo ha terminado, díficil me es saber si para bien o para mal, pero el tiempo no perdona como para quedarse esperando para saber.
Te levantas, te enderezas, te limpias el maquillaje que se corrio de tu cara, te quitas las arrugas de la ropa, y con una inocente sonrisa, me preguntas:
-¿Cómo me veo?
Y yo, maldiciendo en mis adentros, me pregunto qué clase de hombre soportaría la tortura de contestar.
Te encontrás a mi lado y me estás hablando, pero no te estoy oyendo. Logro a duras penas escuchar un par de palabras sueltas. Pero son irrelevantes. Estoy acompañado, pero estoy solo. Miro al vacío y tengo una perdida inexpresividad. De repente parás de hablar. Las extremidades de tu sonrisa caen como párpados víctimas del sueño. Levanto la mirada y entiendo tu súplica, ahora más que nunca, pero es muy tarde, nos hemos enfríado al ritmo del tiempo y no hay como volver atrás.
Mientras te voy apuñalando los ojos, toco tu muslo; casi al mismo tiempo dejas caer una lágrima solitaria. Casi instintivamente saco un pañuelo y seco tu rostro. Me devuelves una cálida sonrisa, y asiento levemente.
Me doy cuenta de que el tiempo está pasando notablemente lento. Ya todo ha terminado, díficil me es saber si para bien o para mal, pero el tiempo no perdona como para quedarse esperando para saber.
Te levantas, te enderezas, te limpias el maquillaje que se corrio de tu cara, te quitas las arrugas de la ropa, y con una inocente sonrisa, me preguntas:
-¿Cómo me veo?
Y yo, maldiciendo en mis adentros, me pregunto qué clase de hombre soportaría la tortura de contestar.
14 feb 2011
Te imagino
Te imagino recostada en el sofá, y te encuentras cubierta por una sábana blanca, sus arrugas asemejan unos serros levemente elevados.
Me quedo observando la sonrisa torcida en tu boca, que me producen unas ganas asesinas de saber que es lo que vas a decir, que es lo que vas a hacer. Pero no... simplemente estás callada, inmóvil.
Simplemente estás ahi con ojos anclados,y de repente intuyo que pareces presa de la curiosidad, pero solo lo intuyo, puesto que tu rostro sigue intacto, con dos perlas avellanas que buscan mi punto débil.
Y siento que debo decir algo, que debo hacer algo para saltearme este momento de incomodidad, pero temo que te levantes, temo que te inmutes, temo que tu sonrisa se deforme, temo que tus ojos zarpen y nunca más me miren.
Entonces analizo las consecuencias, y te sigo imaginando recostada en el sofá, y pienso que podría quedarme así toda la vida, con la duda de saber lo que dices, con el miedo de decir algo, y con vos amándome.
Me quedo observando la sonrisa torcida en tu boca, que me producen unas ganas asesinas de saber que es lo que vas a decir, que es lo que vas a hacer. Pero no... simplemente estás callada, inmóvil.
Simplemente estás ahi con ojos anclados,y de repente intuyo que pareces presa de la curiosidad, pero solo lo intuyo, puesto que tu rostro sigue intacto, con dos perlas avellanas que buscan mi punto débil.
Y siento que debo decir algo, que debo hacer algo para saltearme este momento de incomodidad, pero temo que te levantes, temo que te inmutes, temo que tu sonrisa se deforme, temo que tus ojos zarpen y nunca más me miren.
Entonces analizo las consecuencias, y te sigo imaginando recostada en el sofá, y pienso que podría quedarme así toda la vida, con la duda de saber lo que dices, con el miedo de decir algo, y con vos amándome.
6 feb 2011
¿Qué mejor que reir? ¿Qué mejor que esa limpieza del organismo, que esa solución de los problemas, que ese escalofrío de la dicha, que ese momento en el que no te sentís tan solo, que esa razón por la que vivimos?
Siempre sostuve que la mitad de lo hermoso de la vida es reír, y la otra mitad son quienes lo hacen posible.
Siempre sostuve que la mitad de lo hermoso de la vida es reír, y la otra mitad son quienes lo hacen posible.
3 feb 2011
2 ene 2011
De pequeño, cuando por entonces la alegría era abundante, mis padres me llevaron a un cumpleaños en el zoológico, donde disfruté como nunca mi estadía.
Salí del lugar, con un globo en mi mano, de color amarillo, y lo sostenía por una pequeña cuerda. Sentí que era en vano quedarme con el globo, puesto que no lo necesitaba, y mi felicidad no dependía del mismo.
Con mi mente en blanco, mis dedos se rindieron a soltarlo, pensando que el globo aterrizaría en algún continente desconocido, habitado por personas que carecían de felicidad (y globos).
Curiosamente, todo el viaje de vuelta a mi hogar, mi mente se limitaba a pensar únicamente en el globo que había dejado ir, como si mi subconsciente comenzaba a razonar que había cometido un error.
Curiosamente, todo el viaje de vuelta a mi hogar, mi mente se limitaba a pensar únicamente en el globo que había dejado ir, como si mi subconsciente comenzaba a razonar que había cometido un error.
Años pasados, mi mente fue borrando ese recuerdo, como una escoba que barre basura que estaba ahí tirada.
Esa escoba que barría, produjo un desorden en mi cabeza, sentía que faltaban archivos importantes y que no sabía organizar mis prioridades. Era un caos.
El desorden y el caos me hicieron reaccionar de maneras insólitas, como si me fuese aislando del mundo, como si no pudiese mirar expresivamente, como si todo me fuese indiferente. Quedé solo, sin nadie, sin nada, esa escoba lo terminó por barrer todo.
Pero, sorpresivamente, descubrí por casualidad, divagando en mi mente, que me había quedado con algo. Tardé en descubrir qué era. Resultó ser un recuerdo, muy borroso y lejano. Resultó ser el globo amarillo, atado a una pequeña cuerda, volando por los aires.
Y descubrí, por más irónico que suene, mientras pasaba todo el tiempo mirando el cielo, que resulta que mi felicidad depende ahora en el regreso de ese globo amarillo y poder sostenerlo en mis manos.
El perder o deshacerse de algo hace que nuestra felicidad dependa de ese algo, que en nuestro pasado fue redundante.
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